Friday, February 6, 2009

SUCEDIÓ EN EL CAMPO...

Era la época de siembra del algodón, y por lo menos tres o cuatro veces por semana visitaba la hacienda "La Reforma;" propiedad que habia arrendado para el cultivo de la fibra.-
La casa en el "casco" de la hacienda, además de vieja era pequeña, de una sola habitación, y en ese tiempo del año, estando casi al nivel del mar era un horno; en las noches desesperante por el desvelo que el calor causaba. Dejar las puertas abiertas no me parecia muy seguro en medio de la campiña, pero aún abiertas, el calor tercamente persistia.
Entre sonrisas, una tarde al comentarles mi problema, unos trabaja-
dores me informaron que a menos de una cuadra de distancia, un pequeño riachuelo habia formado una bonita "poza" de agua clara y fresca.- Alivio de los calores, me aseguraron; lo que agradecí, ya pensando en el chapuzón con que alejaria los demonios del desvelo.
Y en efecto, a eso de las dos de la mañana no aguanté mas, y en ropa interior, calzando sandalias de hule "flip-flops" y una toalla al cuello, caminé por una vereda descendiente iluminada por la luna, hasta encontrar - tal como me lo habian dicho - la poza de agua clara y fresca que el riachuelo alimentaba.
Sin perder un momento me fuí al agua, sintiendo una increible sensación de bienestar al deshacerme de el calor desesperante.
Cerré los ojos y me sumergí por unos momentos. Al salir a respirar, me sorprendió ver que una joven campesina de singular belleza, se habia acercado a la orilla de la poza. Otra víctima del desvelo pesé al verla; no pudiendo evitar admirar su belleza bajo la luz de la luna.- Se peinaba un cabello largo que le llegaba casi hasta los muslos. Me vió admirándola y sostuvo mi mirada con uos lindos ojos verdes, llenos de misterio y promesas. Sonriendo, lentamente empezó a caminar acercándose, abriendo sus brazos en reclamo. Sentí su abrazo y su cuerpo junto al mio, sus caricias en mi cara y espalda... Y entonces desperté; sin saber hasta ahora como llegué a este lugar, con puertas siempre cerradas impidiendo poder salir y caminar en los corredores o el jardín, como lo hacen esas personas vestidas todas de blanco, que me observan y me traen comida y agua. Nadie me dice ni explica nada.- Me siento raro, y digo cosas que no sé de donde vienen. Mi memoria me falla, ero se que nadie usa mi nombre. Me llaman "El Jugado."

( Basado en la antigua leyenda Salvadorena "La Cihuanaba")
Tomas San Jose


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